Justificación de las monarquías islámicas


Según los musulmanes defensores de su propia fe, Islam carece de reyes o debiera al menos ser así, por eso, el buen musulmán debe aborrecer las monarquías, luchar contra su instauración. Para un musulmán temeroso de Allāh (الله), los reyes ni son ejemplares ni es algo propio de la cultura islámica sino una mala interpretación interesada, evidentemente, de una serie de familias que convertidas en dinastías han gobernado de forma dictatorial en los Países islámicos.

Actualmente la monarquía islámica es la forma de gobierno de Marruecos, Arabia Saudí, Baréin, Brunéi, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Malasia, Omán y Qatar. Son pocos los Estados islámicos regidos por reyes, emires o sultanes. Lo que la mayoría de la gente no sabe es que la forma de gobierno más extendida entre los Países musulmanes es la República, claro que para el pueblo lo mismo da un rey absoluto que un presidente autócrata, ambos son dictadores.

No se me malinterprete, no llamo a la lucha, tan solo reflejo en este breve artículo lo que en los regímenes monárquicos islámicos, que no árabes, el pueblo vive: subyugado bajo un poder central de hombres que se creen descendientes del Profeta Muhammad (مُحَمِّد) o Mahoma, en su transcripción castellana. Justifican la instauración de una monarquía en razones históricas al ser el descendiente de Mahoma el primer califa y por lo tanto un rey de reyes pero la verdad es otra; veámoslo.

Abu Bakr, suegro de Mahoma, fue el primer califa ( خليفة) de Islam pero en su tiempo ese concepto, el de califa o jalifa era distinto al de siglos posteriores. Entonces se trataba de elegir a la mejor persona de entre los compañeros de Mahoma, al que mejor entendió su mensaje, realmente la Palabra de Allāh y el que mejor podía transmitirla, por lo tanto, un hombre íntegro. Esa era la idea. El califa, algo así como el sumo pontífice de Islam[1], a semejanza del Papa en la Iglesia cristiana-católica, era tanto líder espiritual como temporal, esto es, un rey al estilo antiguo. Después surgirían los sultanes que gobernaban cada territorio, los verdaderos reyes. Cuando Abd al-Rahman III, emir de Córdoba, se autoproclamó califa, en el siglo X, trescientos años después de Mahoma, era muy consciente de lo que hacía ya que se convertía de ese modo en competidor de los que se consideraban únicos califas legítimos de Islam, los de Bagdag, de la dinastía Abasí, quienes masacraron a los Omeyas, antiguos califas de Damasco y descendientes verdaderos de Mahoma al ser un clan de la tribu de Quraysh a la que también pertenecía el Profeta de Islam. Abd al-Rahman III era descendiente de Abd al-Rahman I, de la familia de los Omeyas y superviviente de la masacre perpetrada en Damasco, un golpe de Estado con el que subieron al trono los Abasíes. Pero ese título califal, arrebatado a los Omeyas, siempre fue reclamado por la familia de Abd al-Rahman desde su expulsión de Oriente y su llegada a la Península Ibérica, al-Andalus. Abd al-Rahman III había alcanzado tal poder y su emirato una expansión sin precedentes que solo le quedaba equipararse a los califas de Oriente ya que consideraba que había cumplido, él sí, los preceptos para ser un buen califa y no los soberanos de Bagdag a los que consideraba unos usurpadores. Desde el momento en que Abd al-Rahman III se convirtió en el califa de Córdoba, su reino se convirtió en imperio tanto a los ojos de sus súbditos, de los que se alejó en su nuevo papel de representante de Dios como para las cortes cristianas del norte de la vieja Hispania o los fatimíes y los abasíes, los otros dos califatos de la época. Principalmente, sus enemigos eran los fatimíes, de corriente shií, supuestos descendientes de Fátima, de ahí su nombre. Abd al-Rahman III consideraba unos hipócritas tanto a los fatimíes como a los abasíes ya que no podían demostrar su origen común con Mahoma, algo que él sí podía acreditar.

Califa significa representante, se entiende, representante de Dios en La Tierra. Lo de príncipe de los creyentes o comendador de los creyentes, como les gusta a los reyes musulmanes llamarse, tal y como el de Marruecos, por ejemplo, es tan solo un título ególatra con el que pretenden hacer creer a todos sus súbditos su origen dinástico de representantes de Dios, lo que ni antes ni ahora ha sido creído realmente por nadie.

Según la corriente mayoritaria entre los musulmanes, la sunní, un califa debe obligatoriamente ser árabe y pertenecer a la tribu de Mahoma, nunca su cargo sería hereditario sino que quién le suceda será elegido por un Consejo de Ancianos y por lo tanto de hombres sabios y su función primordial debía ser la expansión de la cultura y religión islámicas, algo que solo cumplieron los cuatro primeros califas u ortodoxos, esto es, los únicos verdaderos o dignos de llamarse califas (representantes). Resulta llamativo que a pesar de que los fatimíes probablemente no eran en realidad descendientes de la familia del Profeta Mahoma, sí son los únicos que cumplieron más o menos escrupulosamente lo referente al nombramiento y sucesión del califa si bien debiéramos considerar verdaderos musulmanes, respetuosos de las normas de sucesión califal o de representante de Dios y por lo tanto de máximo guía espiritual a los jariyíes, la tercera corriente islámica, algo que también son pocos quienes lo saben: no solo existen los sunníes y los shiíes sino también los jariyíes o como son más conocidos en la actualidad, ibadíes ( الاباضية) localizados principalmente en el sultanato de Omán, donde tres cuartas partes de la población son ibadíes. Esta corriente considera que el califa puede ser cualquier musulmán, incluso un converso o un esclavo, siempre y cuando sea un fiel defensor de la fe islámica, cumplidor de todos sus preceptos.

Para un monarca islámico no hay más ley que el Corán, sin embargo en las repúblicas islámicas, un consejo legislador de ulemas y hombres-mujeres sabios/as, éstos últimos expertos en las diferentes ramas políticas o en la actividad para la que hayan sido designados planificando los programas de acción del Gobierno en las distintas facetas y áreas, tanto en política interna como exterior. Los reyes también se rodean de asesores pero su megalomanía les impide tener un criterio justo o una consciencia real de la verdadera situación que les rodea, sentados en sus lujosos tronos.

En una ocasión le preguntaron al rey de Marruecos por las críticas de Occidente hacia Islam, respondiendo: <<Nadie puede darme lecciones sobre el islam. Nadie puede dar lecciones a los musulmanes. Los musulmanes son el Corán y Dios. No hay intermediario. El único juez es Dios (…) ¡Verdaderamente no veo dónde está la amenaza islamista! Yo me paseo por mi país, voy donde quiero, cuando quiero, sin ningún problema. No he aumentado mis efectivos de seguridad>>[2]

En principio, para los doctores de Islam, el buen gobernante ha de tener un conocimiento exhaustivo de la Sharía (شَرِيعَة) o Ley Islámica y ser hombres justos. A las mujeres les está vedado ser gobernantes, lo de Benazir Butto en Pakistán es un hecho aislado que acabó muy mal[3].

Según esa misma Ley Islámica, el gobernante ha de estar en posesión de una moral y ética intachables y por supuesto ser un hombre justo:

Y cuando su Señor probó a Abraham con ciertas órdenes, al cumplirlas, dijo: «Haré de ti guía para los hombres». Dijo: « ¿Y de mi descendencia?» Dijo: “Mi alianza no incluye a los impíos».

Corán, 2:124

Por todo lo anterior, ni por origen familiar, ni por justicia porque eso es precisamente lo que más falta en los regímenes islámicos, ninguna monarquía islámica es legítima, ahora bien, pudiéramos decir lo mismo de casi todas las repúblicas islámicas. En principio, la ola revolucionaria es un clamor popular que grita LIBERTAD pero mi temor es que las masas acaben siendo controladas por un régimen aún peor que los que están derrocando, basado en una mezcla insana de integrismo islamista y ultraizquierda extremista y reaccionaria y que este movimiento llegue a Europa o España donde ya hay más de un millón de musulmanes. En mi mente surge sobre todo la suerte que correrían las ciudades autónomas españolas de Ceuta y Melilla, en el Magreb, si la ola revolucionaria es dirigida por el rey de Marruecos hacia otro objetivo que no sea su trono por tal de salvarse de la quema, si es así, ¿cuál sería ese objetivo?

Por suerte, los que conocemos la cultura islámica a fondo sabemos que la inmensa mayoría de los musulmanes son personas de bien que solo ansían un mundo en paz donde se les vea como lo que son realmente: constructores de paz y solidaridad


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Adolfo Estévez, experto en cultura arabo-islámica
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[1] Como en anteriores artículos míos, repito lo del género neutro de Islam; no es ni masculino ni femenino para los musulmanes. Para ellos/as, Islam es todo lo que les rodea, la vida misma y el mundo en el que viven es Islam

[2] La monarquía marroquí se dice descendiente del califato fatimí de la que ya hemos visto que entroncaba su origen dinástico con Fátima, la hija del Profeta, lo cual es muy discutible. En todo caso, la única dinastía que pudiéramos considerar legítima es la jordana o hachemí ya que procede de los Banu Hashim, uno de los clanes de la tribu de Quraish, la de Mahoma, con lo cual sí reunirían uno de los requisitos indispensables para gobernar como reyes pero no los otros: la monarquía no puede ser hereditaria en Islam

[3] La que fuera primera ministra de Pakistán y la primera mujer que ocupaba un cargo de mandataria en el mundo islámico fue asesinada en 2007 sin saberse aún quién o quiénes están detrás del magnicidio, si opositores políticos o la red al-Qaeda

 

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Causas de la Revolución de los Jazmines: la difícil situación de Túnez

El origen de las revueltas generalizadas en el mundo islámico fue la conocida como “Revolución de los Jazmines” y hasta hace tan solo unos días se dudaba que pudiera causar un efecto dominó, sin embargo la realidad ya se ha comprobado ha sido precisamente esa. A Túnez ha seguido Egipto, con la caída de Mubarak y en estos días se producen manifestaciones en Sudán, Yemen, Barhein, Irán e incluso se teme por la estabilidad de los regímenes jordano y argelino.

Zine El Abidine Ben Alí, máximo dirigente tunecino hasta su derrocamiento, dio razones más que fundadas para la revuelta popular al tratarse de una férrea dictadura de corte islamista carente de las más elementales libertades.

Lo peor no es que caiga el Régimen, algo saludable incluso, sino qué o quiénes les sustituirán ya que ver a un joven inmolándose ardiendo vivo en protesta contra el Gobierno no auspicia nada bueno como ocurrió hace escasos días.

La Liga Árabe se posiciona del lado de las revueltas justificándolas ya que la propia Organización de las Naciones Unidas denuncian, reiteradamente, las desigualdades sociales en el  mundo islámico en el que prácticamente no existen las clases medias; de un estrato socioeconómico de opulencia y lujo espectacular, digno de las “Mil y Una Noches” se pasa a la miseria más escandalosa. Los turistas que visitaban Túnez o Egipto podían percatarse de ello fácilmente.

Por otro lado INTERNET, una vez más, ha sido uno de los medios de difusión y convocatoria más importantes al escapar al control gubernamental mediante los hackers islamistas que consiguen vulnerar sus controles y censura.  Es el signo de los tiempos actuales en los que puede verse en tiempo real un vídeo-denuncia sobre vejaciones o atentados contra los derechos humanos. El detalle de que la mayoría de los revolucionarios sean jóvenes universitarios, muchos de ellos islamistas, no exculpa el que el Gobierno de Túnez haya llevado a cabo una política interna que para nada se correspondía con la imagen que intentaban dar al exterior, lo que ha podido comprobarse gracias sobre todo a las redes sociales.

El paraíso para turistas reflejado en suntuosos hoteles edificados para occidentales con todo tipo de lujos escondía una realidad social aborrecible: alta tasa de paro laboral, pobreza, barrios marginales, inflación por las nubes y vulneración de los más elementales derechos de los trabajadores unido a una corrupción generalizada con medidas legales injustas que solo favorecían a las clases pudientes y un régimen despótico.

¿Qué ocurrirá ahora?

Después de 24 años de dictadura de islamofascismo, una mezcla de lo más indigesta entre el nazismo racista e islamismo radical, ahora el Partido Comunista Obrero se erige en voz del pueblo pero con una complicadísima papeleta que resolver.

El turismo era la principal fuente de ingresos, como en Egipto, razón por la que los dos Estados norteafricanos estaban tan militarizados y convertidos en regímenes policiales, precisamente para garantizar la seguridad de los turistas y con ello esa fenomenal riqueza generada por las visitas. Ahora, solo en Túnez, cientos de miles de personas corren un serio riesgo de irse al paro en un País con una tasa de desempleo ya de por sí preocupante situada en un 22% en 2009 y un salario mínimo interprofesional de tan solo 130 € mensuales.

En principio, el apoyo de los sindicatos le imprime un tinte político a la revolución de los jazmines, mejor si se pretende ahuyentar el fantasma del integrismo pero los intentos de suicidio de varios jóvenes indican un respaldo oscuro de ciertos sectores fundamentalistas y sería un gran error volver hacia atrás ahora que se tiene la oportunidad de conseguir la tan ansiada democracia.

Lo que sí ha quedado claro es la ineficacia de los analistas del Fondo Monetario Internacional, los cuales se dejan llevar por los resultados en la balanza de pagos, razón por la que felicitaron al régimen tunecino recientemente al considerar que habían sorteado la crisis económica global con acierto, no parándose a comprobar cómo habían conseguido que su industria, sobre todo la del sector “Servicios” había resultado tan rentable, sencillamente a base de una explotación inhumana de los trabajadores con jornadas laborales exhaustas y sueldos ridículos.

Podemos, en principio, considerar que la revolución de los jazmines tunecina tiene un origen económico pero lo cierto es que todas las revoluciones lo han tenido en realidad.

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Sara M. (Ciencias Políticas)

 

 

La revolución islámica del siglo XXI: Egipto

¿Quién o quiénes están realmente detrás de las revueltas populares en el mundo árabe que derrocan regímenes políticos? La comunidad internacional está preocupada ante lo que parece una verdadera revolución, especialmente por las consecuencias que puedan derivarse para Occidente como la creación de una “quinta columna” fundamentalista en la Unión Europea o Israel cuyos territorios son los que más cerca están de los incidentes que sacudieron primeramente Túnez, después Egipto y en los últimos días Yemen, Bahréin e Irán.

La opinión de políticos progresistas y estudiantes universitarios así como asociaciones islámicas es que por fin la comunidad musulmana se libra del yugo que oprimía a sus pueblos, el de la dictadura religiosa. Pero mucho me temo que estamos asistiendo al principio de un fenómeno más complejo de lo que nos parece a simple vista y entre los países más preocupados por esta situación se encuentra Israel que ve con estupor una posible nueva alianza árabe que avanzase hacia Palestina con la intención de “liberar” las Franjas de Gaza y Cisjordania y quién sabe si no albergan, ya puestos, seguir su marcha hacia Jerusalén, una de las ciudades más sagradas para Islam[1].

En este sentido, Egipto suponía un freno del islamismo más radical manteniendo a raya a los hermanos musulmanes y otras corrientes integristas por lo que la caída de Mubarak es una verdadera tragedia para el pueblo judío que se siente ahora más inseguro que en los últimos sesenta años ya que los dos únicos Países con los que mantenía relaciones diplomáticas en la zona eran Egipto y Jordania, este último con peligro serio y real de ser el siguiente objetivo de esta revolución islámica que está barriendo toda la Umma[2]. Sin sus dos aliados, Israel se convierte en un blanco relativamente fácil para Irán salvo que Turquía siga comerciando del modo que lo hace con el Estado hebreo y por lo tanto vea sus intereses en peligro, decidiendo intervenir en el más que posible conflicto que se avecina del lado de Israel y naturalmente los Estados Unidos, tradicional defensor de Israel, si bien las tornas están cambiando en la relación idílica que ha unido a estos dos Países desde siempre ya que las grandes compañías multinacionales controladas por capital judío ya no son lo que eran y Estados Unidos no las necesita tanto como antes además de que recientemente hemos conocido la noticia de que China es ya la segunda superpotencia mundial; si Estados Unidos desea conservar la preponderancia en el Mundo, no puede involucrarse en un nuevo conflicto bélico que le supusiera una sangría económica y quedar con ello relegado a un segundo puesto, siendo aventajados por los chinos.

¿Qué hará entonces Israel? Si todos los países árabes se unen, con un nuevo régimen político nacido de la revolución que contemplamos en estos días, liderados por los “Hermanos Musulmanes” a los que sin duda se unirían Hezbollah y posiblemente la red al-Qaeda atentando contra intereses judíos en el resto del Mundo, ¿cómo respondería el Estado de Israel? No quiero pensarlo pero tengo en mente su potencial nuclear como única defensa eficaz ante un avance en bloque de los países islámicos hacia Tel Aviv y entonces hablamos de palabras mayores ya que Rusia no permitirá un ataque nuclear en la Región en la que tantos intereses comerciales e industriales tiene.

 

Efectivamente, Israel ha perdido a su gran aliado, Hosni Mubarak, quién combatía a los grupos palestinos y compartía con el ejército israelí una defensa común ante el terrorismo yihadista. Se dice que los egipcios incluso contaban con especialistas en subsuelo que buscaban los túneles por los que Hamas y Hezbollah llevaban a cabo el contrabando gracias al cual cubrían las necesidades del pueblo palestino, razón por la que los palestinos adoran a esos dos grupos islamistas. Tengo mis dudas al respecto: no debieron esmerarse demasiado los egipcios cuando el contrabando funcionaba al cien por cien incluso en situaciones de bloqueo por parte tanto de Israel como teóricamente también de Egipto. Siempre he creído que el régimen de Mubarak jugaba a dos bandas con Israel o tal vez no, ante el temor a represalias del poderoso Estado hebreo y la respuesta sea que Hezbollah es lo que muchos creemos, la organización terrorista más potente de la actualidad, incluso más que la red de Ben Laden, por lo que los egipcios, ni siquiera los israelíes, consiguieron acabar con ellos.

En principio, el gobierno egipcio tenía sus razones para enfrentarse a toda la comunidad islámica apoyando a Israel: una de ellas, restarle liderazgo al régimen saudí y otra su abierta confrontación diplomática con Irán, el otro gallito del corral. Los iraníes son en su mayoría shiíes mientras que los egipcios son sunníes con lo que unos no tragan a los otros (algo así como el enfrentamiento en Irlanda del Norte entre católicos y protestantes, los primeros asociados al IRA y los segundos en forma de grupos armados similares). Pero a raíz del último conflicto en Gaza, el pueblo egipcio, llevado por el clamor del mundo entero pero especialmente de la comunidad islámica, la cual se hizo una sola voz ante lo que ocurría en la Franja palestina, con el bloqueo que dio lugar a la falta de alimentos y medicamentos así como el bombardeo incesante de Israel y la invasión con tanques destruyendo ciudades y pueblos sumiéndoles en la oscuridad y la miseria, todo el pueblo egipcio no perdonó a su presidente su insensibilidad ante tales acontecimientos, cerrando la frontera a los palestinos que huían desesperados del conflicto. Hasta ese momento soportaban la dictadura de Mubarak pero había llegado muy lejos: los egipcios no querían, en su mayoría, que se les asociara a un pueblo que traicionaba de modo tan brutal a sus hermanos de religión. Es más, las excelentes relaciones diplomáticas entre los Estados de Israel y Egipto lo eran a nivel político ya que los dos pueblos nunca se han llevado bien: desde el éxodo judío en tiempos bíblicos hasta la actualidad, con cuatro guerras entre los dos Países en las últimas décadas.

El primer ministro israelí reconoce públicamente que el régimen de Mubarak era una dictadura en toda regla pero siempre mejor que sea de tinte político a religioso, como ocurre en Irán, el gran temor israelí, otro régimen shií cerca, uno al nordeste (Irán) y otro al suroeste (Egipto).

Los “Hermanos Musulmanes” son sunníes y dicen no tener nada que ver con los shiíes iraníes pero para los israelíes todos son iguales, unos extremistas religiosos en definitiva de los que hay que defenderse a toda costa y si es necesario anteponiéndose a un posible ataque conjunto, tal es la neura defensiva de Israel aunque no es para menos teniendo en cuenta la Historia de este pueblo.

Pero tal vez el conflicto no sea bélico o no al principio al menos, sino económico. El nuevo régimen egipcio tiene en su poder la posibilidad de ahogar a Israel con respecto a ciertos recursos como el gas natural ya que el 40% de este preciado producto procede de Egipto. Desde luego, Israel siempre puede seguir contando con Turquía con la que tiene una relación parecida a la que mantiene con Egipto, de amor-odio pero suavizada por su intensa actividad comercial; así es la hipocresía de las relaciones diplomáticas, por un lado, ante la opinión pública, se tiran los trastos y por otro, de manera reservada, firman acuerdos comerciales.

El caso es que el País más seguro del mundo árabe, Egipto, debido a las ingentes cantidades de dinero que dejaban en las arcas del Estado el turismo, por lo que interesaba que los visitantes se sintieran seguros, ahora es un polvorín donde la juventud[3], pasada la borrachera de la revolución deja ahora el cambio de régimen en manos del Ejército, el cual prometió no intervenir contra las revueltas populares y garantizar una transición pacífica, pero transición ¿hacia dónde?

Si se desean cambios fundamentales en la Constitución del Estado egipcio y que sea un País abierto a la democracia, nada pintan los “Hermanos Musulmanes” en todo este embrollo a no ser que la intención sea, efectivamente, convertir a Egipto en un régimen islamista como Irán, aunque uno sea sunní y el otro shií, pero dictaduras islamistas a fin de cuentas.

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Adolfo Estévez

Experto profesional en cultura arabo-islámica; analista de la violencia política y el terrorismo

 


[1] “Islam” no lleva realmente artículo ya que para los musulmanes es todo lo que le rodea, su vida está inmersa en Islam, sometimiento total y absoluto a Dios, por lo que no es masculino ni femenino, sino neutro precisamente por su universalidad

[2] Comunidad musulmana mundial

[3] Hubo una importante convocatoria de jóvenes a través de Internet, especialmente universitarios